quién es darío cardona

Nací en San Salvador, el 10 de febrero de 1996. Aunque residí en la zona urbana de San Salvador hasta los cuatro años, viví la mayor parte de la infancia y la adolescencia en un pueblo del interior del departamento de Santa Ana limítrofe con Guatemala en condiciones de extrema pobreza, material y espiritual. Mi padre fue despedido de la autónoma ANTEL, debido en buena medida a su actividad sindical, y así fue como por una de esas jugarretas de la vida, un buen 31 de diciembre del año 2000, en medio de los silbadores y los morteros del fin del siglo, nos mudábamos con mis padres y mis hermanos -livianos de menaje y de sueños- hacia la frontera de San Cristóbal, allá donde termina la civilización y comienza la barbarie, allá donde -citando a Alighieri- «los que entráis dejad toda esperanza».

Comencé mi educación -si no es profano decir tal cosa- en una escuela pública en la que por todo menú de conocimientos había no más que opíparas raciones de planas de caligrafía y modestos ejercicios de aritmética. Gracias al régimen disciplinario que me impusieron mis padres, y al sacrificio irremisible de mi infancia, llegué a adquirir habilidades para calcular y un enorme acervo de información sobre cultura general que era incapaz de asimilar un niño. Así fue como ingresé a la Escuela Nacional de Jóvenes Talento en matemática y Ciencias Naturales en la Universidad de El Salvador a la edad de ocho años y posteriormente al curso intensivo de Futuros Dirigentes Técnicos Científicos, llegando a formar parte del Equipo olímpico de matemáticas en los años 2010 y 2011, eventos que marcaron un hito en mi vida. Hasta entonces no fui otra cosa que el receptáculo de las frustraciones sociales de mis padres, una herramienta labrada a pulso para ganarse el respeto de la gente acostumbrada a no profesar ningún tipo de respeto hacia nada.